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Cómo diferenciar el hambre real del emocional

El hambre es una señal de alerta que nos manda nuestro cuerpo cuando necesita comida. Es un mecanismo muy complejo que en la antigüedad nos servía para saber cuándo debíamos aportar más energía al organismo y nos servía de estímulo para salir a cazar o a recolectar.

Hoy en día las circunstancias han cambiado. Tenemos fácil acceso a la comida y por tanto la necesidad fisiológica de comer para obtener energía no es la misma.

Sin embargo cada día tenemos sensación de hambre… ¡y varias veces! ¿Cómo puede ser? Si está claro que vamos sobrados de calorías para poder sobrevivir… Ya no comemos tanto por necesidad fisiológica. Por eso hemos tenido que marcarnos horarios de comidas, para que no «se nos olvide»…

Muchas veces no tenemos hambre porqué necesitemos comida para obtener energía, sino que tenemos hambre porqué simplemente es la hora de comer. El desayuno, la comida, la merienda y la cena tienen más valor a nivel cultural que a nivel fisiológico.

¿Qué son?

El hambre real (fisiológico) aparece cuando nuestro cuerpo necesita energía o nutrientes para seguir funcionando correctamente.

Sin embargo, el hambre emocional (psicológico) son más bien antojos producidos por el cerebro debido a determinadas emociones.

Cómo diferenciarlos

Normalmente el hambre real aparece progresivamente, sin una necesidad de urgencia repentina. Podemos esperar un tiempo antes de comer y nos apetecen alimentos de todo tipo, desde un plato de lentejas a una pieza de fruta y un puñado de frutos secos, por ejemplo.

Por el contrario, el hambre emocional aparece de repente, con tanta urgencia que a veces incluso nos pone irritables y de mal humor sin que seamos conscientes. Normalmente nos apetece un tipo de comida en concreto, y ésta suele ser poco saludable y con muchas calorías. Desde helados y bollería hasta patatas chips y galletas saladas, por ejemplo.

Te sonarán situaciones como:
  • Vas andando por la calle y al pasar por delante de una panadería hueles ese olor increíble a pan recién hecho y te entran de repente ganas de entrar a comprar, aunque ya hayas desayunado.
  • Estás viendo tranquilamente la TV y al ver un anuncio te entran ganas de comer aquello tan apetecible y buscas algo similar que tengas por casa.
  • Has estado sometido a mucho estrés en el trabajo y al salir tienes un hambre horrible por comida rápida.
  • Estás por el segundo plato en una comida y ya no puedes comer más, pero luego sacan el postre y… ¡Magia! Vuelves a tener apetito.

Todo esto es hambre emocional. Hambre que nos entra debido a determinadas emociones. Para combatirlo, juega un papel muy importante la razón.

Mi recomendación

La información es el arma más poderosa que tenemos hoy en día. Interésate, investiga e infórmate bien sobre el tema. Si entiendes qué le pasa a tu cuerpo en determinadas situaciones será más fácil que tomes mejores decisiones.

A partir de ahí, ten presente que todo cambio en esta vida requiere de cierto tiempo y esfuerzo. Sé progresivo y no te culpes si no lo consigues a la primera. Si hasta ahora le hacías caso a los antojos y le dabas lo que te pedía, si de repente dejas de hacerlo quizá tu cuerpo se queje.

Es como el que deja de fumar. Todo el mundo sabe que dejar de fumar es bueno para la salud. Pero si llevas años fumando, cuando dejes de hacerlo al principio vas a tener el mono y te vas a encontrar mal.

Si al principio no puedes controlarlo, intenta sustituir el antojo por algo que te guste que no sea de comer. Distrae tu mente. Ponte tu canción favorita o piensa en donde te gustaría ir de viaje en tus próximas vacaciones. ¡A mi me funciona! 🙂

Y a nivel fisiológico, para poder controlar los antojos y diferenciar el hambre real del emocional es super importante entender y experimentar el 4º Mandamiento: «Evitaré los snacks».

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