Antes de hablar directamente de los snacks…

¿Qué tal es tu relación con el hambre?

¿Te llevas bien con ella?

Bueno, ya ves…

Hoy empiezo lanzando flechas (preguntas) con las que podrías estar un rato reflexionando…

Y es que me he levantado inspirado con la idea muy clara de cómo te iba a enfocar la “historia” de hoy.

La protagonista de esta historia es nuestra amiga (o enemiga, dependiendo de la relación con ella) el Hambre.
 

Así que como vamos a hablar bastante de ella (y ya sabes que me encanta poner nombres), si te parece la vamos a llamar RAMONA.

HAMBRE = RAMONA

¿Te pica la curiosidad de por qué le llamo Ramona?

Te lo cuento al final para que ahora no nos despistemos, ¿ok?

Vamos al grano.

¿Por qué hay que evitar los snacks?

Bueno primero de todo te cuento muy rápido qué entendemos por “snack”.

Snack: “Pequeña” cantidad de comida que se utiliza para satisfacer temporalmente a Ramona, proporcionar “un poco” de energía al cuerpo o simplemente por “placer”.

(Ya ves que utilizo bastantes “entrecomillados”, sobre todo para cosas que son relativas…).

Dicho esto, repetimos pregunta:

¿Por qué hay que evitar los snacks?

  1. Por coherencia evolutiva.
  2. Por libertad y flexibilidad metabólica.

La industria alimentaria, a través incluso de entes oficiales, popularizó en su día la norma de las 5/6 comidas diarias.

Evidentemente hay muchas personas inteligentes trabajando para la industria y formaron unos argumentos muy coherentes alrededor de esa idea; como por ejemplo que comiendo 5 veces al día aceleras más el metabolismo, gestionas mejor a Ramona y así pierdes peso más fácilmente…

Pero curiosamente, conforme esos mensajes se consolidaban entre la población, los niveles de sobrepeso, obesidad y diabetes tipo 2 también lo hacían… ¿Coincidencia?

Es que esto no tiene ningún sentido a nivel evolutivo…

¿Crees que un homo sapiens podía permitirse comer cada 2 o 3 horas?

¿Cómo hubiéramos evolucionado como especie si cuando teníamos hambre no hubiéramos tenido energía para cazar?

Justamente es al revés.

Cuando Ramona se despierta agudiza nuestros sentidos, aumenta nuestra capacidad de concentración, y sobre todo supone un «chute hormonal» que nos motiva al máximo y nos permite alcanzar nuestro mejor rendimiento físico.

Pero claro, ya hemos hablado varias veces que nuestro cuerpo es una máquina metabólica super sofisticada programada para la eficiencia energética, es decir, para gastar las mínimas calorías posibles y acumular las máximas: ¡¡¡Grasa!!!

Esto cuando escaseaba la comida era una cualidad buenísima.

Ramona nos motivaba a cazar y recolectar para conseguir energía.

El problema es el de siempre.

Nuestro entorno en cuestión de 100 años ha cambiado muchísimo pero nuestro cuerpo es muy similar al de hace 10.000 años.

Ahora tenemos acceso a comida fácil y en cualquier momento, pero nuestro cuerpo sigue programado para la escasez.

Ramona aún no ha entendido este conflicto, así que tenemos que educarla de forma RACIONAL.

El otro problema es que si no la educamos nosotros, será la industria alimentaria y sus campañas de marketing quienes lo hagan.

Y evidentemente cuantas más veces comas al día, el cuerpo se acostumbrará y Ramona cada vez te pedirá más.

Un círculo vicioso muy rentable para la industria.

El negocio perfecto.

Y luego claro… Estando acostumbrados a comer cada 2/3 horas, si algún día no lo hacemos Ramona se pone nerviosa y nuestro cuerpo “se queja” y nos produce mareos, falta de energía e incluso irratibilidad y mal humor.

Es normal.

Nuestro cuerpo ya ha olvidado que hay otras manera de obtener energía…
 

Lo malo es que si se lo recordamos, tampoco recuerda cómo hacerlo…

Hay que reeducarlo y enseñarle de nuevo cómo se hace…

(Nota: Esto no es exactamente así pero lo estoy simplificando para que se entienda la idea).

Y aquí entramos en la segunda razón por la que creo que hay que evitar los snacks:

Por libertad y flexibilidad metabólica.

Supongo que estás de acuerdo conmigo en que es mejor comer sin urgencia, cuando podemos sentarnos tranquilamente para ello, y no tener que ir corriendo durante el día comiendo de cualquier manera… en el coche, en descansos de 5min durante el trabajo, o incluso andando por la calle.

Esto para mi, además de ser inadecuado, es una falta de respeto para los alimentos.

¡Comemos sin prestarles atención! 

Y si no les prestamos atención, además de no disfrutarlos, ¡Ramona no se va a enterar que hemos comido y querrá más!

Por eso reeducar a Ramona y a nuestro cuerpo a comer con menos frecuencia nos hará más libres para comer cuando NOSOTROS QUERAMOS, y sobre todo mejorará nuestra flexibilidad metabólica.

¿Qué es eso de la flexibilidad metabólica?

Pues que nuestro cuerpo sea eficiente obteniendo energía de diferentes vías metabólicas.

Si comemos con mucha frecuencia nuestro cuerpo solo utilizará la energía que le ofrecemos mediante la comida, y cuando se le acabe Ramona vendrá a pedirnos más.

Pero si no le ofrecemos comida tan frecuentemente, cuando Ramona nos pida más, le podremos explicar (le va a costar entenderlo al principio) que tiene otras maneras de obtener energía. Y así, poco a poco, al final va a conseguirlo.

Por si lo entiendes mejor:

Esto es como un coche híbrido enchufable. 

El coche tiene la batería eléctrica y el depósito de gasolina.

Cuando la energía eléctrica se agota, para seguir rodando tiene dos opciones:

  1. Volver a enchufarlo y cargar la batería eléctrica.
  2. Utilizar la gasolina.

¿Qué es mejor, tener que enchufarlo cada 2/3 horas o utilizar la gasolina y enchufarlo cuando tengamos tiempo de llenar la batería eléctrica tranquilamente?

Y ahora imagínate que tiene tanta gasolina acumulada que tenemos que guardar garrafas en el maletero porque no nos cabe toda en el depósito. ¿No sería mejor dejar un poquito más de tiempo la batería eléctrica descargada y poder gastar gasolina y aligerar el peso del coche?

Pues imagina que la gasolina es nuestra grasa y que enchufar el coche a la electricidad es comer.

Si tu objetivo es perder grasa es necesario estar en déficit calórico para ir vaciando los depósitos de energía sobrante.

Cuantas más veces comas, más oportunidades de ingerir calorías diarias tienes.

A nivel emocional

Además (y esto ya es más personal) yo prefiero comer 2 o 3 veces al día y quedarme satisfecho, que no comer poquito 5 o 6 veces al día y quedarme con hambre (o con Ramona) continuamente.

Ya lo decía Tomás de Aquino: “Es más fácil la abstinencia que la moderación”.

Por ejemplo, si tienes que ingerir 2.000 kcal diarias, ¿qué prefieres, hacer 2 comidas de 1.000 kcal o 5 de 400 kcal? Repito, esto ya es algo más personal… Cada uno que experimente…

– – –

Bueno, seguiría escribiendo porque aún no he tocado dos temas muy interesantes, pero no quiero que este post acabe convirtiéndose en un ebook…

Así que, si quieres seguir leyendo o guardarlos para más tarde, aquí te dejo dos artículos donde he escrito sobre estos temas:

Una recomendación final

¡No comas sin Ramona!

Comemos para vivir, no vivimos para comer.

Hay que aprender a escuchar al cuerpo (de forma real) y comer cuando nos lo pida.

¿Sabes qué incoherencia me encuentro habitualmente?

Algo que es el colmo…

Personas que quieren perder grasa, y que por lo tanto quieren estar en déficit calórico, pero que se obligan a comer sin Ramona (sin hambre) simplemente porque “toca” o «es la hora»…

Si quieres perder grasa, al menos aprovecha cuando no tengas hambre para no meterle calorías extra a tu cuerpo, ¿no?

Matices:

  • Cuando hablo de evitar los snacks me refiero a hacerlo de forma habitual. No pasa nada que disfrutes de un “pica-pica” de vez en cuando. El problema es que lo hagas por necesidad. Quizá el nombre del Mandamiento hubiera sido mejor: “Gestionaré y tomaré conciencia de los snacks”, porque el problema no son los snacks en sí, sino que nuestro cuerpo no sepa funcionar sin ellos. Pero preferí simplificarlo…
  • ¡Ojo con las bebidas! Y no hablo solo de bebidas alcohólicas… No tener en cuenta las calorías procedentes de las bebidas es uno de los errores más comunes. Además, son calorías que no sacian a Ramona…
  • Analiza tu punto de partida y experimenta, pero recuerda que para cambiar hábitos tenemos que ser pacientes, conservadores y progresivos. Los cambios bruscos no son el camino.
  • Este correo iba sobre la frecuencia de las comidas, no de la comida en sí. (Recuerda el 2º Mandamiento: Basaré mi dieta en Alimentos de verdad).
  • Para personas con patologías metabólicas, como siempre, coger toda la información con pinzas y consultar con profesionales sanitarios actualizados y que les guste su trabajo.

Y unas preguntas para finalizar:

¿Cuántas veces comes al día?

¿Cuando comes, lo haces de forma consciente y tranquila o con prisas y/o distracciones?

¿Eres dependiente de la comida cada pocas horas?

¿Te da miedo quedarte sin energía si estás unas horas sin comer?

¿O miedo de llegar con demasiada hambre a la siguiente comida?

¿Sabes diferenciar el hambre real del hambre emocional?

¿Qué tal te llevas con Ramona? ¿Quién lleva los pantalones en la relación? 😉

– – –

Salud y Buenos Pensamientos,

Coach “el que razona con Ramona” Galo.
 

PD: Siiii, no me olvido… Al hambre le llamo Ramona por dos motivos: uno porque es un nombre poco común y así hay menos posibilidades de que alguien se dé por aludida, y segundo porque me parece un nombre muy juguetón, sobre todo por esta mítica canción de Fernando Esteso (que si quieres reírte un rato te recomiendo que la veas) (humor español jejeje).