Esto de escribir es una maravilla:

Una porque me ayuda a reflexionar y a ordenar mis ideas de temas en concreto.
 
Y el otro, te seré sincero, me sirve también para quedarme a gusto…
 
Ya que puedo ofrecer mi humilde punto de vista sobre aspectos importantes de la vida sin que nadie se sienta ofendido.
 
Porque muchas veces (aunque lo digas de la forma más cariñosa posible) algunas personas pueden darse por aludidas y sentirse ofendidas.

A nadie nos gusta que nos digan cosas a mejorar (que en el fondo ya sabemos pero no tenemos cojones de implementar).


Así que sí.
 
Hoy voy a hablarte sin filtros.
 
Voy a exponerte todo lo que pienso, tal cual lo pienso.
 
Sin miedo de ofender.
 
Como te decía, hoy me voy a quedar muuuuy a gusto.
 
 
¡Vamos a ello!
 
Seguimos con Los 10 Mandamientos para perder grasa y que no vuelva.

Nº8: Reflexionaré y seré consecuente

Le puse este título para ser positivo.
 
Pero en la versión antigua de los mandamientos el título rezaba:

«No me quejaré ni pondré excusas».

Pero lo corregí porque no creo ni me gustan las prohibiciones.

Aunque pienso que no estaría mal que las quejas y las excusas estuvieran prohibidas (como salir de casa durante el confinamiento por el coronavirus) ya que también las considero una pandemia.
 
Una pandemia súper-contagiosa que nos impide crecer, mejorar y auto-realizarnos.

Ya sea perder grasa, ganar músculo u otros objetivos de vida o de desarrollo personal.

¿Pero sabes qué es peor que quejarse y poner excusas?

Que nos las creamos.

A base de repetición tras repetición (o de que nuestro entorno y medios de comunicación lo transmitan constantemente) nuestra mente se lo acaba creyendo.
 
Y luego acaban consolidándose como creencias limitantes o barreras mentales.
 
 
Y eso, es una pena.
 
Es una pena porque nos impide mejorar.
 
Pero también es algo que nos hace ser infelices.

Aunque a corto plazo nos sintamos mejor con una buena queja o excusa, a largo plazo solo trae frustración y arrepentimiento.

Bueno vamos con la «chicha» del tema…
 
Y para ello te voy a hablar de las quejas y las excusas por separado.
 
Porque aunque tengan el mismo fin (proteger nuestra autoestima y ofrecernos una falsa sensación de tranquilidad y bienestar emocional), son cosas diferentes.
 
 
Así que allá voy.

Las quejas

La queja surge a raíz de una frustración, malestar o daño percibido.
 
Centramos nuestra atención en lo negativo y buscamos una forma de amortiguar el malestar.
 
Por lo tanto, ¿por qué nos quejamos?
 
Para amortiguar el malestar y compartirlo…

Porque ya lo dicen:

«Las penas compartidas son menos penas».

Pues yo pienso justo lo contrario.
 
Tal y como las alegrías compartidas son más alegrías… Creo que las penas compartidas son más penas.

Compartir algo es magnificarlo. Darle más importancia de la que tiene.

Y darle «mucho bombo» a un pequeño daño o circunstancia negativa puede acabar convirtiéndolo en un gran daño percibido.

Porque al final lo que cuenta no es la realidad, sino la percepción que tengamos de ella.

¡Y cuidado!
 
Porque además las quejas son altamente contagiosas.
 
Si nos juntamos a menudo con gente que no para de quejarse por todo (del tráfico, del clima, de los precios, de la «mala» suerte, del mundo…), a parte de llenarnos de energía negativa acabamos empatizando con ellos de forma inconsciente.
 
Sí…
 
Aunque no seamos conscientes nos va penetrando en el subconsciente y acabamos pareciéndonos…

¿La queja nos hace infelices o nos quejamos porque somos infelices?

Me encantan estas frases en forma de pregunta.
 
Me hacen reflexionar.
 
Igual que la mítica pregunta de:
¿Envejecemos porque dejamos de entrenar o dejamos de entrenar porque envejecemos?

Pues no sé tú, pero yo lo tengo bastante claro…
 
Y créeme que lo he reflexionado lo más imparcialmente posible, jeje!

No es la edad que tenemos, sino las sentadillas y flexiones que somos capaces de hacer lo que importa…

Y en el caso de las quejas, igual.

Es lo que hacemos con lo que tenemos lo que importa.

Si decidimos centrarnos en lo negativo de nuestras circunstancias y quejarnos por ello, pues evidentemente seremos cada vez más infelices.
 
Cada vez tendremos una visión más negativa de la realidad.

Por el contrario, si decidimos centrarnos en lo positivo (sí, siempre hay algo positivo) o en las oportunidades a partir de «circunstancias negativas», seremos más felices.

Porque la felicidad es una interpretación de la realidad.

Ya lo decía Marco Aurelio:
«La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos».

Y ahora el típico «quejica» diría:
– Sí claro, eso yo también lo diría si fuera el hombre más rico del mundo como era el emperador Marco Aurelio en la Antigua Roma…
 
Y yo le preguntaría:
– Entonces, ¿me estás diciendo que en los países del tercer mundo no puede haber gente feliz?
 
Todos los que vuelven de allí de viaje vienen con lecciones de vida…
 
 
O gente que ha sufrido enfermedades o accidentes graves y «gracias» a ello han aprendido a aceptar la realidad e incluso a aprovecharla a su favor.
 
 
Conocer estas experiencias nos quitan rápidamente la tontería de la cabeza.
 
 
Me dejó impactado una vez un titular que leí en un periódico que decía:
– «Cuando gané la ceguera…»
 
Impresionante…
 
Alguien que perdió la vista a los 8 años hablando de «ganar la ceguera».
 
Ese alguien es Enhamed Enhamed, nadador paralímpico.
 
No quiero extenderme en su historia, puedes buscarlo en google si tienes curiosidad.
 
Y como la suya, tenemos muchas historias más de este calibre que nos pueden inspirar.
 
Enhamed tenía 2 opciones:
 
Vivir amargado quejándose de la mala suerte y del maldito día en que perdió la vista, o centrarse en el abanico de posibilidades que se le habrían al «ganar la ceguera».
 
 
¿Dónde quiero llegar con esto?

Siempre hay opciones.

Pero hay que entrenar la mente y tenerla bien abierta.

Y no dejarnos arrastrar por la comodidad y el refugio de las quejas y las excusas…. ni por la «volátil» satisfacción que nos produce la «comprensión» de nuestro entorno.

Cómo gestionar entornos y personas «quejicas»

A mi me gusta ponerme en su lugar.
 
Y entrenar mi mente para ver la alternativa positiva a esa queja.
 
 
Es increíble como con la práctica cada vez se logra antes…
 
 
En el Gym Indomable, por ejemplo, entrenamos mucho el vocabulario que utilizamos.

Algunos a veces se quejan de que no tienen ganas de entrenar.

Pero yo creo que es genial tener la oportunidad de aprender a entrenar sin ganas, ¿no?

Al fin y al cabo, nadie llega a ningún lado si solo trabaja los días que le apetece, ¿verdad?
 
 
 
 
¡Ey, vale ya Galo!
 
Todos tenemos derecho a quejarnos, ¿no? ¿O es que tu eres perfecto y nunca te quejas por nada?
 
Evidentemente sí.

Como ser humano que soy también me quejo de vez en cuando.
 
Pero también soy muy práctico, y cuando entendí que una queja no aporta nada positivo a parte de consuelo, dejó de interesarme.
 
Lo evito al máximo.
 
Por mi…
 
Pero también por los que me rodean.

No quiero cargar ni contagiar a nadie con quejas y energía negativa.

Por otro lado, también es importante saber diferenciar lo que es «comentar una circunstancia negativa» y lo que es «quejarse».
 
Para mi quejarse, requiere repetición innecesaria.
 
Una vez hemos detectado un daño o circunstancia negativa y la hemos comentado con nuestros acompañantes, o con nosotros mismos, repetirlo no sumará nada.
 
Más bien lo contrario.
 
 
Es muy importante entender esto.
 
 
Cuanto más pensamos y hablamos sobre algo, más valor e importancia le damos.
 
Es obvio, ¿no?

Así que hablemos más de lo bueno y quejémonos menos de lo malo.

Y aquí va un ejemplo de lo bien vistas que están las quejas en nuestra sociedad…

 
Seguro que conoces el refrán que dice:
«Quien no llora no mama».
 
Sinceramente…
Creo que este refrán hace mucho daño.

Mi visión al respecto es:
 
No siempre que se llora, se mama.
 
Y si para mamar tengo que llorar, prefiero sonreír y no mamar.
 
A largo plazo será mejor para mi, y para los que me rodean.
 
Porque sonreír o llorar depende de mi.
 
Pero mamar no.
 
Y si lloro y encima no mamo, entonces estaré doblemente puteado.
 
Prefiero no correr ese riesgo, sonreír y buscarme las castañas yo mismo.

Creo que es más seguro ser responsables con nuestras acciones (lo que depende de nosotros) y consecuentes con los resultados.
 
 

Las excusas

Una excusa es una razón o argumento que se da para justificar un error, un fallo o para demostrar que alguien no es culpable o responsable de algo.
 
 
Vamos, lo que en fútbol se conoce como «echar balones fuera».
 
 
¿Por qué lo hacemos?
 
Para quedarnos tranquilos y proteger nuestra autoestima.
 
 
¿Y somos conscientes de ello?
 
Pues muchas veces no.
 
 
El subconsciente siempre se preocupa por nuestro bienestar emocional.
 
A veces somos conscientes de que estamos usando excusas pero otras realmente nos las creemos de verdad.
 
Es lo que hablábamos antes de las creencias limitantes o barreras mentales.
 
 

Pero como antes en las quejas, no todos los motivos para justificar algo son excusas.

A veces hay justificaciones realmente justificadas.
 
El tema es reflexionarlas profunda y sinceramente.
 
Y sacar conclusiones sobre si puedo realmente hacer algo para mejorar o cambiar los resultados que no me gustan.
 
Y si no puedo realmente, pues aceptarlo y ser consecuentes.
 
Esa es la clave.
 
 
 
 
Y ahora me dirás:
 
Bueno Galo, todo esto está muy bien, ¿pero qué tiene que ver con perder grasa y que no vuelva?
 
Pues todo…

Si no nos quitamos las barreras mentales de la cabeza y nos refugiamos en las quejas y las excusas, será imposible que eliminemos grasa o nos pongamos en forma.

Todo el mundo tenemos unas circunstancias. Un punto de partida.
 
 
Lo primero, como reza este mandamiento, es reflexionar sobre ello y ser consecuentes.
 
Ser consecuentes significa aceptar que somos responsables de nuestras acciones y de los resultados que obtenemos con ellas.
 
Significa tomar las riendas.
 
Siempre hay factores que no dependen de nosotros (genética, edad, etc.).
 
Centrarnos en ellos solo aumentará nuestra frustración y nuestra resistencia al cambio.

Pero si entrenamos nuestra mente a aceptar la situación y a centrarnos en las acciones que sí dependen de nosotros, seremos imparables.

Para ello hay que reflexionar y ser consecuente.
 
Y por eso te he pegado este rollo hoy…xD.
 
 
 
Bueno espera, déjame escribir un poco más que estoy «on fire»…
 
 
A continuación quiero abordar la queja y excusa más popular.
 
Una frase no sé cuantas miles de veces repetida cada día, en todos los lugares y en todos los idiomas.
 
 
«No tengo tiempo».
 
….
 
«No tengo tiempo…».
 
 
De verdad… Cuanto más la reflexiono menos sentido le encuentro…
 
 
– N O   T E N G O   T I E M P O –
 
 
Uff… Es que no sé ni por dónde empezar a comentarla… xD.
 
 
Y yo mismo la he utilizado muchas veces ¿eh?
 
No te creas…
 
Que antes me parecía muy «pro» utilizarla…
 
Como diciendo…
Ostras lo siento, es que estoy muy ocupado con cosas importantes… No tengo tiempo… Me sentía una persona muy interesante…
 
Pero después de haberla reflexionado (no te exagero) durante años, he visto claro que utilizar esta frase no es que sea de «comodones», sino que es de perdedores.
 
Y siento ser tan duro con esto, pero lo veo así…

Si no tengo tiempo para lo realmente importante en la vida es que soy un perdedor.

Si utilizo la frasecita «no tengo tiempo», primero tengo que asegurarme que con mi tiempo (24 horas al día como todo el mundo) hago cosas realmente más importantes y valiosas para mi que las que he rechazado hacer por «no tener tiempo».
 
 
No sé si me explico.

A mi me da vergüenza decir «no tengo tiempo».

Es como reconocer que vivo puteado y sin intenciones de mejorar.
 
Y eso lo veo muy triste…
 
 
Es obvio que tenemos un tiempo limitado y que no podemos hacer todo lo que nos gustaría.

Por eso es importante esto de «reflexionar y ser consecuentes».

Podemos tener mucha carga de trabajo, obligaciones familiares, compromisos, etc…
 
Pero siempre tenemos opciones.
 
Y si no las tenemos ahora, las tuvimos en su momento.
 
 
Es decir…
 
Por ejemplo una muy típica.
 
No tengo tiempo porque tengo que cuidar de mis hijos…
 
Lo primero es… Si tienes hijos es porque en su momento tomaste esa decisión, ¿no?
 
Supongo que debiste reflexionarlo y te debió de compensar, ¿verdad?
 
Pues ahora hay que ser consecuentes…
 
No es que no tengas tiempo, es que ese tiempo decides dedicárselo a una actividad a la que decidiste acceder en su momento…
 
 
 
Pero quiero ir un poco más allá.
 
¿No hay alternativas?

Siempre hay alternativas.

Pero muchas veces es más cómodo decir «no tengo tiempo» que acceder a las alternativas…
 
 
«No tengo tiempo de entrenar porque tengo que trabajar y cuidar de los niños».
 
¿Te suena?
 
A mi sí, y mucho!
 
Y no por mi, sino por la mayoría de mis clientes.
 
Y cada vez son más los que han demostrado que hay alternativas.
 
 
Todo depende de la importancia que le des al entrenamiento o a lo que sea que tengas que hacer.
 
 
Muchos han terminado sorprendiéndose a sí mismos de lo que han sido capaces de lograr simplemente reflexionando y siendo consecuentes…
 
 
Y otra cosa muy importante.
Te prometo que es la última…

La gestión del TEA.

(Tiempo-Energía-Atención).

¿Te acuerdas? Lo hablamos en el mandamiento anterior.

Es muy importante aprender a invertir bien nuestro TEA para realizar acciones que nos permitan perder grasa para marcar las abdominales (si eso es lo que quieres).
 
Por ejemplo:
 
Es de necios llevar un estilo de vida como el de Homer Simpson y querer marcar las abdominales como Ned Flanders…
 
O llevar la vida despilfarrante y excesivamente despreocupada de Homer y tener el dinero del Sr. Burns.
 
Pero ahora me dirás, pero si Homer es feliz!!!
 
Sí, yo también lo creo (aunque en la serie haya capítulos de todos los colores).
 
¿Pero sabes porqué?
 
Porque es consecuente.
 
Porque en general, acepta los resultados que obtiene con sus acciones.
 
No se amarga por ello.
 
No recuerdo verle muchos capítulos quejarse de su barriga… Más bien al contrario…
 
Si él es feliz así es porque le compensa.
 
 
Así que hasta de Homer Simpson podemos aprender algo:
 
Si quieres más a tus cervezas diarias que a tu salud o marcar las abdominales, pues olvídate de lo segundo y disfruta de lo primero.
 
Y ale…
 
A ser «feliz» hasta que el cuerpo aguante…
 
Y no digo que esa sea una mala forma de vivir, ¿eh? Cada uno vive la vida como quiere. ¡Y es totalmente respetable!
 
Yo solo digo que si somos consecuentes la frustración y el estrés por no conseguir resultados desaparecerá.

Viviremos desde la aceptación.

Y de esta manera nuestros niveles de cortisol (hormona estrechamente ligada con la acumulación de grasa) se reducirán.

Para terminar

Con todo esto no pretendo juzgar ni dar lecciones de cómo ser feliz.
 
Solo faltaría.
 
Solamente he relacionado la felicidad con la pérdida de grasa porque considero que están relacionadas.
 
Y desde la humildad terminar con estas recomendaciones:

  1. Que reflexiones sobre tus acciones.
  2. Y que seas consecuente con los resultados.

«Reflexionaré y seré consecuente».

Las quejas y las excusas NO suman.

Una frase:
«El destino baraja las cartas, pero nosotros somos quienes las jugamos».

¿Utilizas motivos/excusas para no tomar acción en algo que crees que deberías?
¿Sueles quejarte a menudo?
¿Hablas a menudo de la suerte o de las circunstancias de otros para justificar logros que te gustarían para ti?

Y una última pregunta que puede incluso dar miedo reflexionar:
¿Vives la vida que quieres?

Salud y Buenos Pensamientos,
Coach «buscador de alternativas y aceptador de consecuencias» Galo.
 
 
PD: Te recomiendo profundamente escribir reflexiones en un diario personal. Tiene un poder enorme para detectar barreras mentales y creencias limitantes.
Y si quieres contagiarte de buena energía y juntarte con gente que reflexiona y es consecuente te recomiendo unirte gratis a la familia indomable.